Cuando amo estoy sola, amor sin nadie,
cuerpo iluminado, acaso alma.
Amamos con la sangre finísima del tacto
-diez cuerdas música que enfurecen o amansan la lluvia germinal del paraíso-.
Amamos y nos hiere el presente que huye sin ser nunca mañana.
Amamos y nos duele el amor derramado,
el fruto silencioso que cae dulcemente
en nuestro hueco inmenso para alejarse luego
en la ignota autopista de la vida.
Amor sin nadie.
Amamos y tememos nombrar a la tristeza,
acariciar su rostro con las manos del miedo
que saben de promesas, abandonos y encuentros.
Amamos y perdemos una vez y otra vez,
lo dice aquel retrato
-bella estrella fugaz prisionera en un álbum-
la crema anti-wrinkle, la piel nostálgica.
Amamos, Dios, un misterio encendido,
la porción de ti mismo, la vida, surco abierto,
cuerpo iluminado, acaso alma.
Publicado en el "XIV Cuaderno de Profesores Poetas". Segovia 2018.