Como la tierra el hombre
al borde de la brisa,
masa bramando al lodo
la existencial angustia,
giratoria veleta
en cuyo ancho seno
acoge la aventada
de los cometas idos,
gota a gota sentida
por esa piel que el fango
deja libre un momento
en los bosques dorados
de ojos expectantes.
Perfil de alada espuma
gimoteando en caedizos brazos,
acechando la luz detrás del monte
encadenado a la redondez extrema.
Mira, flor.
Arriba, pájaro.
Vive, fuego.
Espera, azul.
Siente, amor.
Del poemario Aliento de la tierra, Biblioteca Atlántida ( 1982 ). Barcelona.