Para tenernos
sólo el ahora alienta
su procaz perversión
feliz o desdichada.
Para tenernos
sólo el ahora alienta
su procaz perversión
feliz o desdichada.
Quizás por las casa vacías
se hace amor el silencio,
su huella oculta el eco
de labios que cantaron
los sueños y la vida.
La luz invadió las estancias.
Las risas
-flores rotas de infancia-
dejaron la fragancia
de un indeleble olvido,
y hasta el polvo cubrió
el incierto final
entre los muros.
Quizá, el mal,
ese dolor adánico
que alumbró
la mano desalmada
del hombre contra el hombre,
sangró en la herida
profunda de otro tiempo
con violencia antigua,
con apagados gritos
en su muerte de luz.
En las casas vacías
y en silencio.
El alba que cierra
con su parto de luz
los ojos de la noche
salpica de ternura
a las palabras muertas
que alfombran el silencio.