Yo te amé, vieja casa
que engulles poco a poco
un desnudo de ausencias.
Te poblaron los hombres
llegando puntuales
a su cita de vida.
Percibí en tu paredes
que el calor me llamaba
besándome la piel,
y el frío agazapado
aguardaba el asalto
con su risa de plata.
Cuántas veces,
al cerrar las ventanas,
se hicieron paraísos las alfombras de flores,
y en el largo pasillo
viajé como los pájaros desarmados y libres.
Cuántas veces,
desde el marco frugal de los fogones,
desandando un silencio,
busqué el dorado fervor de las estrellas
y en su carne abandoné mi canto.
Volveré a creer que te habito de nuevo,
que todavía hay tiempo
para escribir las cartas
celebrando la vida,
que el día no se acaba
aunque intenten matarlo de desamor y balas,
que para siempre ya
en su antigua estructura
se ha quedado incrustado el mineral del beso.
Antología Poemas. OmniaBooks, 2022.