dimarts, 10 de febrer del 2026

Ser, ¿para qué?

 Para amar el asombro

del poniente en tus ojos

-cinabrio y miel antigua-,

jamás me bastarían

los signos de los dioses

en el viento dormido.

Quizás

el vuelo ritual de las gaviotas

y su mirada de agua

contra dorados astros

aliviaran mi sed,

pero no

el obstinado ardor de la pregunta:

para qué la cremación del día,

la muerte de la rosa

o el dorado silencio de los sauces.

Para qué este río de leche

que amamanta la noche

de caducas estrellas.

Para qué el viajero que posa

su equipaje de plumas

en el cedro callado.

Para qué disfrazar a la música

de labios y banderas

si la sangre amordaza

su canto en los jardines.

Para qué esta profunda rabia

de fuego y de ceniza

clavada en el regazo de tanta primavera.

Para qué toda la claridad

en los ojos del ciervo

y su tumba de flores.

Para qué tanto héroe deshistoriado

en soflamas y estatuas, mientras juegan

polvo y tiempo al escondite.

Para qué mercado único, papeltripadeárbol,

lágrima pejiguera en la pantalla inútil del teatro.

Para qué dos mil años de muertes incansables

si el olvido alimenta su memoria en la vida.

Para qué estos signos inciertos que

llamamos palabras desconociéndolo todo

Para qué...


Antología Poemas. OmniaBooks, 2022.



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