Para amar el asombro
del poniente en tus ojos
-cinabrio y miel antigua-,
jamás me bastarían
los signos de los dioses
en el viento dormido.
Quizás
el vuelo ritual de las gaviotas
y su mirada de agua
contra dorados astros
aliviaran mi sed,
pero no
el obstinado ardor de la pregunta:
para qué la cremación del día,
la muerte de la rosa
o el dorado silencio de los sauces.
Para qué este río de leche
que amamanta la noche
de caducas estrellas.
Para qué el viajero que posa
su equipaje de plumas
en el cedro callado.
Para qué disfrazar a la música
de labios y banderas
si la sangre amordaza
su canto en los jardines.
Para qué esta profunda rabia
de fuego y de ceniza
clavada en el regazo de tanta primavera.
Para qué toda la claridad
en los ojos del ciervo
y su tumba de flores.
Para qué tanto héroe deshistoriado
en soflamas y estatuas, mientras juegan
polvo y tiempo al escondite.
Para qué mercado único, papeltripadeárbol,
lágrima pejiguera en la pantalla inútil del teatro.
Para qué dos mil años de muertes incansables
si el olvido alimenta su memoria en la vida.
Para qué estos signos inciertos que
llamamos palabras desconociéndolo todo
Para qué...
Antología Poemas. OmniaBooks, 2022.
Intel.ligents preguntes...
ResponEliminaMoltes gràcies, Víctor!!!!!
EliminaLa infinita curiosidad de la poeta...
ResponElimina¡Muchas gracias!
Elimina¡Felicidades, guapísima!
ResponElimina¡Muchas gracias, guapísimo!
EliminaBonic!
ResponEliminaMoltes gràcies, Tània!!!!!
Elimina¡Enhorabuena!
ResponElimina¡Muchas gracias!
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