Solo huir es bueno
cuando los gestos se repiten
hasta desbaratar
la exacta estatura del yo
y un desvarío llena otro momento
-desvalida parodia-
y corre
hacia donde el deseo le reclama
sin reparar en bóvedas celestes,
entonces
la imagen se proyecta en el revuelo
de un vértice manchado
y palpa la estructura
corroída de sensaciones
tumultos violentos,
remansados presagios clandestinos
midiendo la potencia de las formas
las maneras del grito deglutido
en su loca carrera de reencuentros
y otra vez
calculados
pesados
predestinadamente remendados
comenzamos a sentirnos
como algo nuestro
en medio de la escena
donde tímidamente apunta
el calor de una pluma desalada
la sombra exacta de un silencio húmedo
trepidante de verticalidad
el movimiento tenue
salvajemente amaestrado
de unas manos indicadoras.
De "Del pálpito hacia adentro" (1984)
Ahora forma parte del libro de poemas: Poesía actual 1988 de la Colección Murmurios.