divendres, 17 d’abril del 2020

Poemas para una ausencia (IV)



IV

Nunca será posible jugar a desamarnos
si el amor es eterno entre los crisantemos.
Sobre el dormido musgo de mi vientre
pasarán primaveras insensibles.
Aprisiono tu imagen entre páginas blancas,
te asedio y me rebelo contra imposibles sueños
que levantan murallas de sombras sobre el día.
Te fuiste, antes de que gritara la fuerza de la vida
y muros de flores se alzaron contra el viento.
Al sur de mi garganta, tu luz,
obsesión que me niega sobre las caracolas,
brebajes azulados para morir de amor.
Está sola mi alma siempre fiel a tu ausencia.
No importa en qué momento,
ni importa si el destino trató
de trastocar desvelos aprendidos en vísperas de fuego;
no importa si me quemo,
si es antorcha mi esencia,
si ilumina tu imagen, más allá de la vida.

dijous, 9 d’abril del 2020

Poemas para una ausencia (III)


III

A todos nos quedan los recuerdos
gastándonos el tiempo
o doliéndonos el alma,
los más o los menos pensamos
que aquello lejano fue mejor,
¡oh, la distancia!, esa fiel compañera
abandonada, que embriaga los sentidos
de deseos, que duele entre los dedos de la nada
y despierta cansada de un viaje tan lejano
sin apenas dejar una mota de polvo en las sandalias.
El día, ese alto jardín de los agravios
que pasa sin gestar un solo sueño, espera.
Cuando llega la noche
y el silencio levante la luz de tu presencia,
volveré a tenerte arracimado entre mi sueño abierto
exprimiendo el jugo de mis ansias
en el cuenco vacío de mi cuerpo.
Volveré a recordar
-aunque el tamo del tiempo ciegue mis ojos-
para tornar mañana a esperar este infierno
de tu imposible imagen en mi alma.

dijous, 2 d’abril del 2020

Poemas para una ausencia (II)


II

Otra vez frente a frente
tu verdad, mi verdad
y el silencio de Dios.
En estos días lentos,
doloridos y solos, intento
comprender la tristeza ovillada
de este sueño imposible
que despertó en añicos
¿Por qué temo la noche
desde hace tanto tiempo?...
Qué alivio fuera ahora
tu calor en mis labios
trastocándolo todo,
qué bálsamo a mi alma
dolida de tu ausencia,
pasear de la mano
nuestras sombras al día, donde
en vano creímos tener
siempre la luz de una sola mirada.
Miro los olivares, con ese llanto
gris que la tierra recoge como madre insaciable,
del útero infinito: allí
donde tú esperas, caravanas
de estrellas sacian su sed
de lágrimas, y huyen aterradas
cuando el alba sonríe
en los amaneceres.